dimecres, 13 de gener del 2016

Serian rentables las cooperativas de Energías Renovables para consumo de los socios?

El holandés que ha puesto en jaque el sistema energético español

Banyoles, Girona, un día claro de finales de diciembre, con sol, y energía, sobre todo para Gijsbert Huijink, cuya casa en medio del campo está literalmente forrada de placas solares. En la puerta está aparcado un Nissan Leaf, un coche 100% eléctrico y cubierto de polvo -quizás a la espera del primer túnel de lavado ecológico-.

En este verde rincón de la comarca que alberga el lago natural más grande de la Península no se huelen malos humos, salvo cuando se habla de las leyes del sector energético español. Entonces a este neerlandés de 47 años, alto, con gafas y camiseta reivindicativa, le salen por las orejas. «He intentado leer una ley y no puedo porque nada más empezar hace referencia a leyes anteriores, que a su vez hacen referencia a otras», se lamenta. «Creo que sólo hay unos cuantos abogados y expertos que saben qué se puede o no se puede hacer. Es un caos».

No parece que sus sensaciones sean fruto del choque cultural, aunque de su discurso, del que no se desvía un centímetro en una hora, se desprende que no le gustan los rodeos. Huijink es profesor en la Universitat de Girona y domina el castellano y el catalán. Con ayuda de sus alumnos, amigos y vecinos, en 2010 creó la primera cooperativa energética española, Som Energia, actualmente la de mayor crecimiento en Europa. Su objetivo era ayudar a cambiar el mercado energético español y, de momento, va por buen camino: en cinco años ha pasado de los 150 contratos iniciales a 30.000, el 58% en Cataluña y el otro 42% en el resto de España, y crece a un ritmo de 200 nuevos por semana.

Además, desde su fundación han aparecido otras ocho cooperativas energéticas más en España de similares características. Es un ejemplo de cómo transformar la mala leche que le generó la situación actual en buena energía. «Mi mujer y yo llegamos a Cataluña, compramos una casa y necesitábamos luz. Vimos que era más barato poner placas y baterías que conectarse a la red, que en España es muy caro. Pero entonces comprobé todas las dificultades que suponía el autoconsumo. Mientras que en otros países se incentiva, como en Dinamarca o en Alemania, aquí no hay regulación, es incomprensible». Y aclara: «Si me quería conectar a la red para rellenar las baterías y para volcar mi sobrante tenía que pagar un dineral. Eso obviamente está dirigido a frenar la eficiencia energética».

Esto es parte del artículo publicado en www.elmundo.es. 

Por si hay alguien interesado aquí os dejo el link en el que aparece la notícia completa:
http://www.elmundo.es/papel/lideres/2016/01/10/568fab2de2704eff7b8b4632.html

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